China y América Latina: una alianza con futuro

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(Caracas, 06 de julio de 2016. GRANMA)
China y América Latina han hecho los deberes en cuanto a sus relaciones comerciales y están listos para avanzar hacia nuevos lazos económicos que produzcan beneficios mutuos.

 

Durante los últimos años el comercio bilateral se ha disparado cerca de los 200 000 millones de dólares y la Academia China de las Ciencias Sociales, uno de los principales centros de pensamiento del país, abogó en un informe por progresar mucho más en los vínculos con la región.

De acuerdo con datos de la Comisión Eco­nómica para América Latina y el Caribe (Cepal), el gigante asiático es el primer mercado de destino de las exportaciones de Brasil y Chile, y el segundo de Perú, Cuba y Costa Rica. Además, es el tercer país entre los principales orígenes de las importaciones de la región. Ante estas nuevas perspectivas ambas par­tes coinciden en dinamizar aún más esa so­ciedad y, en ese sentido, se impone un incremento del intercambio, pero sobre todo la diversificación de la cartera de inversiones.

Esta nueva iniciativa asiática llega en momentos en que muchos de los países que integran esta región, dependientes durante años de la exportación de materias primas, se esfuerzan por transformar su estructura económica, lograr mayor capacidad industrial y darles valor añadido a sus exporta­ciones.

Mientras, por la parte china, el Ministerio de Comercio meses atrás anunció su intención de lograr un intercambio más sustancial con América Latina y el Caribe y proyectar la cooperación en sectores como la industria, infraestructuras, cooperación económica-técni­ca, apoyo financiero y capacitación profe­sional.

Este nuevo objetivo, de acuerdo con las autoridades de ambas partes, busca proyectar una nueva asociación estratégica y reestructurar los vínculos comerciales ya que, en décadas pasadas, las inyecciones de capitales chinos en el continente latinoamericano estuvieron centradas en la obtención de las materias primas necesarias para producir todos los bienes que se venden en el mundo.

Datos aportados por The American Enter­prise Institute and Heritage Foundation, más del 80 % de la inversión de China en América Latina ha estado concentrada en petróleo y minería, siendo Brasil el principal receptor de capitales del gigante asiático, seguido por Ve­ne­zuela, Argentina y Perú.

Además para asegurar su manufactura y alimentar su desarrollo, por años, las principales importaciones provenientes de Latinoa­méri­ca estuvieron lideradas por el petróleo venezolano, a lo que se sumó el cobre de Perú y Chile y la soja de Brasil y Argentina.

En una entrevista publicada por Xinhua, el investigador adjunto del Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias Sociales de China, Guo Cunhai  considera que este interés común por diversificar y oxigenar el co­mercio bilateral responde a la nueva “normalidad” que viven los lazos chino-latinoamericanos, luego de un periodo dorado de desa­rrollo basado en la demanda recíproca y la gran complementariedad económica.

Según el experto chino en asuntos latinoamericanos ambas partes se “encaminan a una etapa relativamente moderada y estable después de más de diez años de desarrollo de alta velocidad”.

Para asegurar la pronta ejecución de estas nuevas iniciativas, el gigante asiático echó a andar el Banco Chino para el Desarrollo (Chi­na Development Bank) y el Banco de Expor­tación e Importación (Eximbank) de China, mecanismos que hacen posible el financiamiento de sus proyectos de inversión.

China demostró estar comprometida con el progreso de los países en vías de desarrollo y desplegó iniciativas como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII) y la nueva Ruta de la Seda que, sobre todo, aspiran a crear un nuevo orden asiático. Pero eso no se queda ahí y debido a su nivel de influencia global también concede importancia a la cooperación Sur-Sur.

Durante el primer Foro intergubernamental realizado entre China y la Comunidad de Esta­dos Latinoamericanos y Caribeños (Celac), se reconoció la voluntad de cooperar. El gigante asiático, en su rol de segunda potencia mundial,  se comprometió a elevar el comercio, en am­bos sentidos, hasta 500 000 millones de dólares y realzar las inversiones por lo menos a los 250 000 millones de dólares durante los próximos dos lustros.

Esa nueva ola de capitales chinos que puede desembarcar en América Latina, si se concreta la intención de invertir más allá de las materias primas, también restaría protagonismo a la influencia de Estados Unidos en un territorio donde tiene una larga historia de ocupaciones e intervenciones. Los países de América Latina y el Caribe están cada vez más conscientes de que el éxito que pueda alcanzar esta alianza o cualquier otra solo será posible si se logran eliminar de raíz las distorsiones generadas por siglos de colonialismo, dependencia externa y economías monoproductoras.

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